Hace un montón de tiempo que no tengo tiempo. Esto parece una estrofa, una pequeña cantinela, pero es cierto. He encontrado tiempo para un montón de cosas, pero no para compartirlas con los demás.
Hoy un buen amigo, Juan Vera, me envió un mensaje recordándome que era el día del padre y que con tan buena excusa le habían regalado un magnífico objetivo. Aparte de chincharle un poco (envidia insana), no pude dejar de desearle las mejores fotos para ese objetivo.
Esto me recuerda que mi pasión es la fotografía y, en particular, compartirla y disfrutarla, por eso me he obligado a hacer esta entrada, para desearle lo mejor a todos los padres y para que podamos compartir un poco de nuestra afición.
En esta ocasión os dejo unas fotos de una salida con otro amigo, Guillermo Félix, que comparte su pasión y conocimientos con todos aquellos que se acercan con ganas de aprender.
Fotohambrientos
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martes, 19 de marzo de 2013
domingo, 11 de noviembre de 2012
La foto y demás valoraciones...
Como fotógrafos debemos aprender a valorar nuestras fotos en su justa medida, como si fuésemos espectadores imparciales o, aún peor, espectadores críticos y resabiados. Esto es muy difícil porque muchas de nuestras fotos están ligadas a momentos y situaciones especiales, en ocasiones con condiciones prácticamente imposibles de luz, lluvia, viento o quién sabe que difíciles situaciones a solventar, lo que las asocia inevitablemente a su consecución.
De esta forma perdemos nuestra objetividad y "vemos" el momento especial, lo que nos costó llegar, los cinco flashes que usamos, el viento que hacía imposible afianzar el trípode, en fin, no la valoramos en su justa medida.
A mi me pasa esto con muchas de mis fotos, en ocasiones es suficiente con que no estén trepidadas para que me resulten satisfactorias cuando las situaciones son difíciles.
Ejemplo de ello es esta pequeña seta que, simplemente con estar a foco ya me satisface, y es que un querido amigo fue poseído por el duende fotográfico y empezó a trotar y disparar alrededor de mí, los ojos brillantes del duende no dejaban de brillar dentro de mi amigo poseído y hacían botar mi trípode sin piedad.
Finalmente, el duende lo alejó de allí y un par de ellas se salvaron de la quema.
Bromas aparte, es bueno viajar con amigos con una pasión común y que siempre nos aportan conocimiento y puntos de vista nuevos. En esta ocasión fue un fantástico viaje a la Selva de Irati que nos brindó buenas oportunidades fotográficas y buenos momentos con los amigos.
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